Después del trágico final de Pedro el Ermitaño y los suyos en Civetot, los grandes señores feudales europeos —los que de verdad importaban— hicieron por fin caso a la llamada del Papa Urbano II. Godofredo de Bouillon, Hugo de Vermandois, Bohemundo de Tarento, Raimundo de Saint-Gilles, Roberto Curtahose: todos los nombres más sonoros de la nobleza occidental se pusieron en camino con sus mesnadas profesionales hacia Constantinopla.
Allí los esperaba el sutil emperador Alejo I Comneno, hombre de Estado consumado, que necesitaba mercenarios europeos para recuperar las tierras de Anatolia perdidas a manos de los turcos selyúcidas. Lo que no esperaba era recibir un torrente humano de cuarenta mil soldados con generales que pretendían tratarle de igual a igual. La tensión entre la corte bizantina y los rudos guerreros francos sería una constante de toda la Cruzada.
Tras los juramentos de vasallaje impuestos a la fuerza, el ejército cruzado cruzó el Bósforo y tomó Nicea en junio de 1097 mediante una jugada diplomática del propio Alejo. Apenas un mes después, el ejército turco selyúcida atacó la columna cristiana en marcha cerca de Dorilea: la primera gran victoria militar real de la Cruzada se consiguió por la disciplina táctica de los caballeros francos.
Pero la verdadera prueba fue la marcha por Anatolia: 1.182 kilómetros de páramo abrasador, sin agua, sin pasto para los caballos, con temperaturas de horno. Miles de cruzados murieron de sed, de hambre, de disentería. Algunos llegaron incluso a beber sangre de sus propios caballos. Tancredo y Balduino, los más jóvenes y ambiciosos, se separaron del cuerpo principal para conquistar la Cilicia y se enzarzaron entre ellos por el control de Tarso.
El volumen culmina con uno de los golpes maestros más audaces de toda la Edad Media: Balduino de Boulogne, el hermano de Godofredo, se hace adoptar como hijo por el viejo gobernante armenio de Edesa, Toros, y meses después se convierte en señor de la ciudad tras un oportuno motín popular. Marzo de 1098: nace el Condado de Edesa, el primer estado cruzado de la historia. La Cruzada deja de ser un sueño y se convierte en hechos sobre el terreno.