Cruzadas · Templarios · Hospitalarios · Roma · Grecia · Egipto
Cronista apasionado de la Edad Media, el Renacimiento y la Antigüedad Clásica. Artículos de divulgación histórica sobre los grandes temas de mis novelas.
Heródoto cuenta que entre los masagetas bastaba colgar la aljaba de flechas en la puerta del carro de una mujer para tener relaciones con ella, sin pedir permiso a nadie. Los nasamones, en el desierto de Libia, iban todavía más lejos: la noche de bodas, la novia debía pasar por todos los invitados, uno a uno, antes de que el matrimonio se diera por consumado.
Toda mujer nacida en Babilonia debía sentarse, al menos una vez en la vida, en el templo de la diosa del amor Mylitta y entregarse carnalmente al primer extraño que le arrojara una moneda en el regazo. Daba igual quién fuera el hombre y qué moneda le tirase. De oro, de plata o de cobre. Las mujeres más bellas y deseadas cumplían ese extraño ritual en un día. Las feas o las que padecían alguna minusvalía o tara mental, tardaban hasta cuatro años.
Capturado a los diecisiete años, remó encadenado en galeras turcas. Una bofetada lo hizo renegar de su fe cristiana y acabó siendo Gran Almirante otomano. Esta es la historia de Giovanni Dionigi Galeni, el chico de Le Castella que iba para fraile, sobrevivió al remo, salvó lo que quedaba de la flota del sultán en Lepanto y reconstruyó entera la armada turca en menos de un año.
No fue un invento de guionistas con demasiada imaginación. Existió de verdad, se llamaba Thomas de Marle y Coucy, y durante veinte años convirtió el norte de Francia en un matadero privado. Colgaba a sus prisioneros por los testículos hasta que el propio peso del cuerpo se los arrancaba, y a veces lo hacía con sus propias manos. Un abad que fue vecino suyo lo llamó "el hombre más malvado de nuestra generación". Esta es su historia.
¿O ella se mató nueve días después, delante de las narices del futuro emperador romano, Octavio? Todos tenemos grabada la escena: los dos amantes muertos, abrazados en el mausoleo de Alejandría, la serpiente merodeando, el veneno compartido y el gran amor que va más allá de la muerte. Pues no. No ocurrió así. Y la verdad verdadera, la del minuto a minuto, es infinitamente mejor que la ficción de Hollywood: nueve días en los que ella siguió viva, negociando, prisionera del hombre que acababa de destruirlos a los dos.
Verano de 1100. El hombre que había conquistado Jerusalén, el primer soberano cristiano de la Ciudad Santa, se sienta a comer en un palacio junto al mar, en la costa de Palestina. Pocas horas después empieza a morir, entre fiebres altas y dolores atroces, y nadie sabrá nunca con certeza por qué. ¿Una enfermedad fulminante… o un veneno transparente, espolvoreado sobre su postre favorito por un sicario a sueldo de un arzobispo ambicioso? Acompañadme, queridos lectores, a reconstruir uno de los crímenes mejor disimulados de la Edad Media: el último almuerzo del rey Godofredo de Jerusalén.
A sus setenta y un años, el Gran Maestre de los Hospitalarios plantó cara al mayor imperio de aquel entonces, el otomano, con un puñado de caballeros y civiles, y no cedió ni un palmo · Malta, 1565
Acre, verano de 1186. Un niño de nueve años muere en un castillo junto al mar, y con él muere la última oportunidad del reino cruzado de Jerusalén. Esta es la historia de Balduino V, el rey que nunca llegó a reinar.
Seis años después de que Malta dijera que no, cuatrocientos barcos se lanzaron unos contra otros en un golfo griego para resolver de una vez quién mandaba en el Mediterráneo
A las seis de la mañana se rompieron miles de sellos de cera roja a la vez y la orden más poderosa de la Cristiandad fue aniquilada en un solo día: no por la espada sarracena, sino por papel y pluma
Una orden secreta encaramada a fortalezas inexpugnables de alta montaña, cuyos miembros mataban a sus víctimas a plena luz del día sin temer a la muerte. De su nombre viene nuestra palabra «asesino» y el videojuego Assassin's Creed · siglos XI-XIII
Mucho antes de que aparecieran en este planeta el cristianismo y el islam, una religión persa ya hablaba de un bondadoso dios de la luz, de un malvado espíritu del mal, del día del juicio final y del paraíso para quienes se lo habían merecido · aquí encontraréis la explicación de cómo era la fe de los reyes persas que combatieron a Grecia
Verano de 1565: unos cientos de cristianos resisten 31 días en el fuerte de San Telmo frente al ejército otomano. La caída que salvó Malta y a media Europa.
El sultán que reconquistó Jerusalén y perdonó la vida a muchos de sus enemigos (menos a un malnacido que se llamaba Reinaldo de Châtillon). El mismo hombre que se ganó un lugar de honor incluso en las leyendas de sus adversarios cristianos: las Cruzadas, siglo XII.
Coronado a los 13 años y leproso desde niño, derrotó a Saladino en Montgisard con apenas 16 y gobernó un reino en guerra mientras su cuerpo se deshacía. La vida más heroica —y trágica— de todas las Cruzadas, y cómo su hermana Sibila y el inepto de Guy de Lusignan lo perdieron todo en Hattin.
Un monje flaco y desaliñado, de ojos profundos y atormentados, barba blanca y voz atronadora, que iba de aldea en aldea montado en un burro diminuto y viejísimo, encendió, solo con sus apocalípticas palabras, el mayor movimiento de masas de la Edad Media: las cruzadas.
¿El hombre más rico del mundo antiguo, atado a una hoguera? El sabio Solón le avisó, el oráculo de Delfos le engañó y Ciro le ganó con… camellos. La caída de Creso, según Heródoto.
Año 680 a.C. Un rey obsesionado con la belleza de su esposa quiso enseñarla desnuda al amigo equivocado. Perdió la corona, la dinastía y la garganta.
El 28 de mayo de 1565, La Valette ordenó matar a todos los perros de Malta sitiada. La historia de Nuvola Bianca y del pelotón de cinco rifles con una sola bala.
¿Crees que querer al perro de casa es cosa moderna? Egipto, Grecia y Roma ya lloraban a sus mascotas. El epitafio del perro Patricio te va a encoger el corazón.
El mayor mujeriego de Roma cargó toda su vida con un único rumor sobre su virilidad: el rey Nicomedes de Bitinia. La copla de sus legionarios, la moral sexual romana y una hipótesis maliciosa sobre el joven César.
Un jovencísimo Julio César fue secuestrado por piratas, les exigió que subieran su rescate, les prometió crucificarlos entre risas… y cumplió. La anécdota más reveladora de la Antigüedad, según Plutarco y Suetonio.
En 1096, antes de que la Primera Cruzada llegara a Tierra Santa, el conde Emicho de Renania encabezó una de las mayores matanzas de judíos de la historia europea. La historia real, y los obispos que intentaron impedirla.
Los sacerdotes de Menfis le contaron a Heródoto que la guerra de Troya fue un fraude descomunal: Helena nunca pisó Troya, estaba en Egipto, y los griegos lo sabían desde dos meses después de su fuga.
En el primer libro de Heródoto vive Adrasto, un hombre tan profundamente gafado que su sola presencia bastaba para desatar la desgracia. Su historia, en la corte del rey Creso, es a la vez la más cómica y la más trágica de la Antigüedad.
De Pedro el Ermitaño a la caída de Acre: por qué cada cruzada llamó a la siguiente.
En el verano de 1565, en una isla árida de apenas 316 km² en el centro del Mediterráneo, unos pocos cientos de caballeros cristianos detuvieron al mayor ejército del Imperio otomano. El asedio que decidió el destino de Europa.
Malta, 1554. Un capitán francés sobrevive bajo el casco inundado de su galera volcada respirando con su mono capuchino la última burbuja de aire. Diez años después, una sola acción de piratería desencadenó el Gran Asedio de Malta de 1565.
Año 599 a.C. Una pastora analfabeta cuyo nombre significaba «Loba» salvó al futuro fundador del Imperio Persa con una idea brillante. La historia que está detrás de la leyenda de la loba que amamantó a Ciro el Grande.
París, 13 de octubre de 1307 al amanecer. Los soldados de Felipe IV asaltan las encomiendas de la Orden del Temple. Antes de morir en la hoguera siete años después, Jacques de Molay maldice al rey y al papa. Siete siglos después, Europa todavía teme al viernes 13.
20 de agosto de 1097, las montañas del Tauro, en la actual Turquía central. Un duque europeo que muy pronto será el primer Rey de Jerusalén está tirado en el suelo, sangrando a chorros por la espalda, con una fiera de cuatrocientos cincuenta kilos erguida encima de él y a punto de rematarlo. Contra todo pronóstico, ese día le gana la partida a la muerte. Pero el verdadero protagonista de esta historia, queridos lectores, no es el duque. Ni el oso. Es un hombre con un delantal manchado y una cuchilla de barbero…