Tras la fundación del Condado de Edesa, el ejército cruzado se concentra ante Antioquía, llave de Siria y antigua ciudad patriarcal cristiana. El asedio comienza en octubre de 1097 y se prolonga durante nueve interminables meses bajo unas murallas que parecen invencibles. El hambre devora a las tropas: caballos sacrificados, perros, ratas, cuero hervido. Los desertores son legión.
El golpe maestro lo da Bohemundo de Tarento, el más astuto de los príncipes cruzados. Soborna a un capitán armenio de la guarnición, Firuz, que entrega una de las torres una noche de junio de 1098. Los cruzados entran en la ciudad y la saquean con violencia indescriptible. Pero apenas terminada la matanza, llega de Mosul el ejército de socorro turco al mando de Kerbogha: ahora son los cruzados los sitiados.
Es entonces cuando ocurre uno de los episodios más extraordinarios y polémicos de la Edad Media: el campesino visionario Pedro Bartolomé declara haber soñado con el lugar exacto donde estaba enterrada la Santa Lanza, la que atravesó el costado de Cristo en la Cruz. Excavan en la catedral de San Pedro y, milagro o farsa, encuentran una punta de lanza herrumbrosa. Las tropas, al borde del derrumbe, recobran un fervor desesperado y salen al campo abierto a presentar batalla. Vencen al ejército de Kerbogha contra todo pronóstico.
Más tarde, las disputas internas y el escepticismo del clero obligarán a Pedro Bartolomé a someterse a la ordalía de fuego: caminar entre dos hogueras para que Dios pruebe la veracidad de su visión. El visionario muere de las quemaduras pocos días después. Pero el milagro ha cumplido su función: el ejército marcha ahora hacia el sur, imparable, conquistando Maarat-an-Numan, Trípoli, Jaffa.
El 7 de junio de 1099, los cruzados ven por fin las murallas de Jerusalén. Tras un asedio de cinco semanas con torres móviles construidas ad hoc, la ciudad cae el 15 de julio de 1099. La masacre que sigue es proverbial: la sangre llega «hasta los tobillos» según los cronistas. Una semana después, Godofredo de Bouillon es elegido Advocatus Sancti Sepulchri —no rey, por humildad cristiana— y nace el primer Reino Latino de Jerusalén. La Primera Cruzada ha terminado. La leyenda comienza.